Vivir sin sentir sería un sinsentido.

Vivir sin sentir sería un sinsentido.
The flower that blooms last is the most rare and beautiful of all.

Wednesday, 12 October 2016

Galatea rememora.

El cíclope pendula su mirada
que gira rauda teñida de blanco.
El cíclope desbaba telas
que giran como los jirones del recuerdo.
Fraguando nuestra memoria, riadas de bucle en flor
runrún de riadas soñando
con amalgamarse entre colores vivos
y es arco, es iris, es agua.

Addah Monoceros.

Síndrome de Estocolmo.

Crascita en mi pecho tu cuervo. Es negro, cual brea de luto. Recuerda al oprobio de un pasado acerbo y marchito, un pasado tormentoso de algodones embarrados. Pretendí volar a lo más alto y me estrepité contra el cemento, tiñendo de magenta el refulgor de mis mejillas. ¡Qué no daría yo por ser disidente del tiempo! ¡Qué no daría yo por hacer frente a esos besos caducos, a tus caricias lijadas, a los confites infectados con el gusto de tu lengua! ¡Qué no daría yo por beber de esa mirada embelesada, donde objetividad era reclusa de ternuras infinitas! Pues entregada y feligresa era en tus brazos, comulgando con la mente de mi hermano siamés. ¡Qué traicionera es la ira! Perpetrada por mentiras travestidas de verdad, en las que ardiente era tu frío y medrosa tu valentía. Oteaba tu soplo imperial, sin reparar en que eras libre en una jaula de patrañas. Sometida, avasallada en la penumbra de tan vana ensoñación, mi fiereza leonina prendió fuego a tu satén, y las velas perfumadas dieron paso a la epidemia de una ceguera más terca que las sogas que me asfixiaban. Seca quedó la ceniza, cual asceta en su atalaya. Fría, blanca, muerta, como el último sello de nuestros labios helados. Dices que por ti yo soy la persona que hoy te escribe; mas plantea quién guerreó siempre por tus sueños. Pregúntate quién encumbró tu sumario, quién tradujo en oraciones los artículos de la indefinición. Quién vendía sus anhelos por las horas a tu lado. Quién se esconde cuatro años tras el céfiro de la ofrenda. Por ti yo entregué mis horas, por ti yo entregué mi cuerpo, por ti yo entregué mi lienzo, y en él se esbozó tu borrón. Un borrón que hoy es tan mío como el eco de tu nombre. Un borrón que no mendiga, pero ruega tu perdón. 

Mas atiende a mi palabra, cuervo viejo y quisquilloso, pues de la sal de mis ojos se alimentan estos lirios. Y es que soy Luna inconsistente, contemplando tus mareas. Luna sólida, argentina y bella en la dichosa travesía hacia la eterna lozanía infantil. Que aunque lejana me halle, mi luz guía las aguas de tu océano sin fondo, y en mi rostro se perfila una sonrisa de esperanza. No importa que te pierdas en los iris azulados de productos sucedáneos a lo que en su día te di. No importa que deambules en los cuerpos de otras locas que prediquen libertad con el hueco entre sus piernas. Liberal soy a mi mundo, liberal a mis promesas. Liberal para decirte una verdad que, quizá, nunca llegue a tus pupilas tristes. 

Hay cabida para embustes, hay cabida para heridas. Mas proclive es el unicornio a la sanación, y a besos curo las llagas que agrieté con mis ultrajes. A besos curo el rencor que me impide ir a buscarte. A besos curo el orgullo del juramento repudiado. A besos te curo a ti. A besos explico, a besos comprendo, a besos te escribo.

Addah Monoceros.

Friday, 19 August 2016

La violación.

Ya no sabrá soñarlo
se lo robaron a embestidas.
Yergue el cementerio vacío donde anidan los restos
de tinta carmesí vapuleada sobre pergaminos huecos. 

Se lo robó todo a hurtadillas 
arañando capas de satén
que acogían bienes antaño sacros
tesoros blancos con perfumes de azahar,
atosigados en el abrazo de unos labios tan sellados
como la boca que plañía cantares a dentelladas. 

Abanicos de cerezas rinden su culto a los cielos
que se apagan bajo telarañas de lumbre estrellada.
Violetas se desperezan en su espalda clara
bajo un millar de perlas argentinas. 

Alojan sus oídos un enjambre de licores
reptando juguetones por la enredadera
de promesas expirantes que en su lengua se evaporan
sin degustar el néctar de una comunión marchita.

Bajo la tierra empapada arroja raíces de luto,
raíces cuyos dedos hurtan soledades impuestas.   
Bucean en el redil de un crepúsculo infinito
cual boyada de reses conducidos a un emporio de cenizas.

Ya no sabrá soñarlo
a embestidas se lo robaron;
mas su faldita emplumada pintará de color el cielo
y observará que la promesa sigue viva entre las mareas
de nubes, y nácar, y dos mentes que dichosas comulgan.

Despertarán con los besos de pétalos rotos
alboradas coquetas cual náyades aladas.
Volarán, renaciendo en una aurora de juramentos
que jamás antes se habían visto tan enteros.

Addah Monoceros.

Tuesday, 2 August 2016

Con P de piano.

Mi sangre es un himno que tiene
ochos gemelos en tuero
tirabuzón de nata y lignito
que se emancipan en cadencias vivas. 

Mi sangre es un himno que tañe
de ensueño el caudal de mis venas
erigiendo en sus entrañas
pies arquitectos de los ecos.

Mi sangre mana como un océano bravío
ahogando en astros el aliento que de notas traza
colmenas amorosas que en la luz se atavían 
jugosas y febriles cual manto sacro y vivo.

¡Son tantos los que escapan zumbando entre mis dedos,
que míos no los clamo, mas pían revoltosos
a la deriva en máscaras de madera fina!
Respiran mis latidos, me nutro de sus cantos.

Su fruto acompasado con regusto a mieles
amargo se recrea en sus cadenas de flores.
Rompiólas el da capo del himno perezoso
que con carbón y nata trenza mi sangre viva. 
Addah Monoceros.

Monday, 1 August 2016

Hurto.

Me lo has robado todo, vida maldita, vida marchita. Trenzaste hurtos en mis ventrículos y los asfixiaste en su sangre jugosa, en el férreo sabor de una supervivencia fugaz. Me emponzoñaste poco a poco, Diablo ahíto de saña encarnizada, y ahí estaba yo, frágil y romántica, abiertos mis brazos para acogerte en mis latidos. ¡Qué cara sale la fe! Con qué descaro la arrancaste de entre mis dedos mientras cataratas de sal manaban de la inquieta celosía atezada de mis pestañas. Rasgaste mi piel con ácido y teñiste de escarlata mis promesas laceradas. Destruiste sueño tras sueño a embestidas, y en el llanto ajeno parecías sondear en busca de un argot afirmativo. Pero sólo respondió el silbido del céfiro que en los desiertos canta, y en las entrañas de mi soledad declamé un himno indestructible. Cáncer, cáncer de odio, cáncer que me usurpó después al amor de mi vida, ese que no marchó por su propio pie, sino que fue secuestrado y arrastrado a las profundidades de la nada. Se disipan los deseos y las vendas se calcinan. Desperezan en mis ojos los visos grises de un futuro desvaído. El pasado y el presente trazan sombras abusivas, y me embriagan y enamoran para disiparme con ellas, volátil y etérea como la propia existencia.

Y entonces tomo el pincel. Y abanico de color el ceniciento lienzo hasta que la sangre rezuma vida y mi epicentro reverbera con su luz parpadeante. Brillo. Grito. Lloro y vuelvo a llorar, hasta que todo plañido disfraza notas musicales de risa y esperanza. Y rebrotan las promesas. Rebrotan, como pétalos en flor, fulgurantes y hermosas cual ave fénix. Huelen a candiles perfumados y sueñan, sueñan alto y fuerte. La piel cicatriza y jura caricias almibaradas. Se inclina la cabeza ante la muerte y siembro con mis cenizas la mayor de mis vocaciones, que ahora surge en el desértico paraje con regusto a néctar maduro. Sobre el blanco de mis miedos revolotea una cigüeña. ¿Qué propala? me pregunto, pues veintiuna son las semillas, veintiuna y ni una más. 

Y es en ese instante cuando todo cobra sentido y la apuesta alcanza envergaduras hercúleas. Me lo robaste todo, vida maldita, más en duelo me batiré en tus ocasos, una última batalla, una en la que eterno será el retorno, e inminente la victoria. 

Veintiuna, canta la cigüeña. Veintiuna y ni una más. 


Addah Monoceros.

Tuesday, 19 July 2016

Ceros.

Dicen que del llanto de un unicornio brotan notas curativas; terapéutica es la sal que mana de sus ojos, pues gesta su mirada un candor casi neonato. Dicen que es un llanto dulce, que precede al sueño profundo, un sueño voraz y apaisado, cual sempiterno rastro de plata en el horizonte de los tiempos. Dicen que el llanto de un unicornio conlleva el fin de una era y su ulterior reencarnación en otro ser, a veces bajo la misma carne. Y dicen también que el despertar es tenue, exiguo y casi imperceptible, que recuerda a ese susurro que las olas cantarinas marcan conforme la arena se ruboriza bajo sus pies. 

Se despereza en mí un unicornio de nácar, un unicornio que coquetamente viste halos de plata y de añil. Un unicornio de agua, tan dócil como inquebrantable y tan risueño como imperial. Un unicornio limpio que no precisa otra piel que la suya contra la podredumbre del mundo. Un unicornio cuyas pupilas negras prestan a la vida una reverencia colmada de ternura y audacia.

Trota feliz el unicornio, y de su cuerno rezuma la magia de su propio cosmos. Un cosmos curativo como las notas que canta; terapéutico como la sal que manan sus ojos. Dulce como los sueños que ahora pugna por cumplir. Un unicornio de nácar, un unicornio que viste de azul. Un unicornio poderoso como el iceberg, volátil como el vaho e indestructible como las aguas. 

Addah Monoceros.

Monday, 4 April 2016

Oda gilipollas (para un gilipollas).

El acíbar del pasado yace en brazos del lamento
arrastrando con su jugo los delirios del tormento.
Olvidarte no debieras, pues estibarás con ello
convirtiendo en fortaleza tu difunto sufrimiento.  

Nuestra estrella compasiva tiende sus brazos al suelo
y te toma de la mano mientras tú vas renaciendo
como el canto de un oasis en las dunas del desierto
cual rumor de villancicos ataviando el frío invierno. 

Eres de la resiliencia mi pupilo y mi maestro
cuya mente, revoltosa, de luz se ha ido enriqueciendo.
Eres fénix soberano, desde la gravilla al cielo
Eres lágrimas de tinta dibujando en mí tu sueño.

Amilanamiento añejo, se condenará al destierro
mientras sendos farolillos serán tu mayor aliento,
pues lo antaño recelado te abandona con el viento
pereciendo para siempre junto al ya difunto tiempo. 

Fantaseas con volar, mas caes incluso durmiendo
desafueros te vulneran, atezado su agujero.
Las mentiras te codician, injuriosos sus deseos
de arrastrarte al desamor, a un cruel desasosiego.

Levantose el huracán, pues así alzarás tu vuelo
despojando de tus egos la agonía y el veneno.
Curtirás tu piel a golpes, terapéutico jumento
que ahora trota velozmente, liberado de su yelmo. 

El esbozo del destino se perfila en tus desvelos
delatando los colores de un novel discernimiento.
Lo tomas entre tus manos, erigiendo los cimientos
de la oda a la alborada que voraz está creciendo. 

Tortuosa es la salida, y en mis injerencias pienso
cuan hermoso es que tú creas tanto como yo en ti creo
pues al fin llegará el día en el que sientas lo que siento
vislumbrando tu belleza tal y como yo la veo.

Mis efímeras palabras se derriten como el hielo,
es ardiente mi mirada bajo el Sol de nuestro anhelo.
Riachuelos donairosos se atragantan con tus besos
Que en su inmortal lozanía saben bravos y sinceros. 

Permaneceré a tu lado, con tu error y tus aciertos
elogiándote nervuda, tiernamente corrigiendo
Hechizando con cariño toda paz en tus infiernos
renovando de tus miedos un amor que ya es eterno.


Addah Monoceros.