Vivir sin sentir sería un sinsentido.

Vivir sin sentir sería un sinsentido.
The flower that blooms last is the most rare and beautiful of all.

Saturday, 25 April 2015

A breaching Portmanteau.

Mirrors. Speculums of phantasmagoria, mirages of dreams. How magical of them! How insanely spellbinding! Their otherworldly imbroglio of exquisite altercations, their playful, almost jesting sorcery. Their charm, their delusive grasping hook. A sorcery way beyond sheer averageness pounds and flutters in the fairest of umbrages, as my gaze meets two unfathomable pits which taste of cocoa and mahogany. What are they? Who do they belong to? A grimace so mundane, yet redoubtably mystifying, as though ruthlessly ripped from the fated heart of a random fairy. Her blood tenderly stains two rosy cheeks with nervy coyness. I beam in fiendish delight, and her scowl surrenders to a blooming scintilla of twinkling morning dew. She zealously mimics my childish moue in glee, and we laugh and laugh, and we cry and cry. Her raven hair frames an effulgence I conceitedly surrender to. For who am I to loathe such inestimable garner of scars? Our stagecraft throbs in reciprocity as I fecklessly reach out to grasp her, lure her, worship her. 

Art, they say, embodies a craft so labyrinthine, few dare to give away their soul to its amaranthine infinitude. But I disagree! I do! Since no portraying feels as luscious as the one our light depicts. Mirrors! Speculums of wonders, of assertive bewilderment, of restrained liberation! How miraculous of them! How extraordinary! 

Just like us.
Addah Monoceros.

Thursday, 23 April 2015

Quasar.

When rainbows comprised beatitude and mulled my soul with hope,
No hindrance whatsoever dared to gridlock such steep slope.
And still my heart throbs in my chest, imploring me to yield,
But this ripe drought shall not appease, for it subsumes a shield.
Cheers to your nerve! They uttered, as though fear existed not.
Yet I can feel it grasping every qualm and twinge and thought.   
Its acrimonious icicle annihilates the truce,
Which nourishes my inner faith with rosy valiant juice.
Defiance, I know, gathers guts and grit and fearlessness,
Since who am I to loose myself in anguish and bareness? 
My aims tower in fairylands, though droll as they may seem,  
No deed will ever juxtapose the pursuing of this dream. 

Addah Monoceros.

Saturday, 18 April 2015

Plumule plume.

A baleful cage of wintry woe
Locked in my sins, poured out my glow — 
For scroungers of my craving heart 
Defaced my soul, tore it apart
Dislodging scraps of hooking jones,
Effetely clinging to my bones. 
  
But when the dusk glanced down at me
I relished his curiosity,
My plumage quavered bright and fair,
Auroral damsel in despair.
Hence pristine I met him, such pawn,
Seraph and framer of my dawn.

And yet my quaking was not fear,
More of a timid cloying tear — 
A rush of joy, hovering bliss,
No soaring had compared to this —
The sky's embrace, its blasting kiss
Enticing lush, obscene to miss.

Jail was a peccant parlous spoor,
And he breezed in to breach its door
Thus healing my bruises and stings,
Then goading me to spread my wings
Beyond my dreamlands, and above,
What is this feeling? — Must be love.

Addah Monoceros.

Monday, 30 March 2015

Séptima sensible.

Trazo armonía en el aire...

La diestra clave de sol, delicadamente estentórea, se pierde en un celestial ponto cuyos suspiros sacian la sed de un silencio escabroso y disonante. Con la izquierda, erijo los cimientos de una burda pero aristocrática peana, en cuya anatomía intangible queda esculpida la enjundia que me alimenta. El suelo tiembla bajo unos pasos tan vacilantes como templados, y el bocelo de mis huellas traza un vaporoso pentagrama, invisiblemente radiante, como el ósculo de fulgor con el que el amanecer nos obsequia. Blancas y negras se cruzan con el reflejo de mis pupilas atezadas, plisándose minuciosamente en el manto de cinco líneas — y mis manos trascienden los confines oníricos, sosteniendo cada bemol en la punta de los dedos. Se pierden en un roce incorpóreo, y el coartado semitono que separa al mi del fa besa los labios de la perennidad. Mis sentenciados latidos atrapan una certidumbre ilusoria que, retozona, se despoja prestamente de la intransigencia del compás. Y engalanándose a expensas de la armadura que la empareda, dispara saetas al corazón de una tonalidad tan alterada como natural. Pues no hay sinsentido más intenso que esta simbiosis de luz y sombra, y jamás un silencio había sabido tan isócrono. Que en el piano se gesta el vocablo del alma, que en él se auscultan sus cuerdas serenas, esa ventana tras la cual el mundo dibuja el núcleo en espiral de una semifusa demudada, una garrapatea exhausta. Mis lágrimas tropiezan en un entramado de peldaños armónicos, y melódicas se evaporan sobre la doble barra que corona la incandescencia. Y así suspiro en cada ritardando... trazando armonía en el aire...

Addah Monoceros.

Sunday, 29 March 2015

Metalepsis.

Y tal vez el cosmos se recree hoy día en nuestro centelleante limbo, tan prematuro y a la vez tan deliciosamente diuturno, como el escarpado contorno de la piel anciana. Aún recuerdo cómo, vivaracho, embozó mis sueños en silenciosa asonada, mas no hay palabra alguna capaz de enaltecer el juego con el que mis hados, traviesos, cincelan presagios y profetizan almibaradas galernas de luz. Nos salpican con la fortuita simbiosis de su empíreo hechizo, y la flor más apolínea se rinde extasiada al copioso vergel que hospeda a sus ánimas errantes e indómitas. Me toman de la mano con un mimo desbordante e incoercible, y yo me dejo guiar por su entropía convicta, rociando de estrellas la senda que me lleva al amanecer. Y, ¡qué más da si me extravio, si me despojo de los momios con los que la realidad me tienta! ¡Qué más da si el retroceso se disgrega en el olvido y mis vaticinios se fingen utópicos! ¡Qué más da si me enveneno! Pues nunca había catado ponzoña tan dulce y promisoria, oh sino entre los sinos, efímera providencia de secretos. Y es que lo onírico de mi universo residió siempre en mi sistólico epicentro, y no hay Edén más tangible y glorioso que el que albergo en mi interior. 

Addah Monoceros.

Thursday, 26 March 2015

Ophelia's Serendipity.

A gleaming carpet blushes down to you,
Rejoicing beads of crimson bloom at me,
So delicately burly, yet so free,
I bow to your prodigious tides of blue.
To sail, they say, dauntlessness is a must,
For he who travels far shall master gales,
And hence your crooning mermaids sweep their tails,
Thus vanishing in spumous waves of dust.
Their anthems, smoothly chant cryptic ballades,
Enslaving sound itself and even time,
Since space plundered your vastness to its core,
Hence drifting in its grim silvery blade,
Alluring us into a blighting rhyme,
To which dawns will be witnessed nevermore. 

Adieu my dear heavens, now offed,
Holding on to fugacious streaks of gold,
I lie upon your aquamarine bed,
Spreading my wings, feeling both awed and bold.
My heart shuts down to legends still untold,
And thirsty I give in and drink my fate,
My aching systole yearned to be consoled, 
Though it was still too pristine to be late.
How could a pain so dim become so great?
How did it make me fall in love with Death?
It crucifixes me until I mutate,
Doth with such pleasure it steams my last breath.
A breath of yielding, a breath of checkmate,
No freedom whatsoever — only hate.
Addah Monoceros.

Friday, 6 March 2015

Teriantropía.

En cualquier caso, de poco servía recelar de mi habilidad para surcar los cielos. Pues el yugo de una vigilia enjaulada me había emparedado en la herrumbrosa alevosía de un ocaso envenenado, de una valetudinaria lumbre en cuyo regusto creí hallar dulzura — mas no hice sino abandonarme a una sed insurrecta y enferma, un abestiado anhelo, una traílla enconada y calcinante. ¿Quién era yo? ¿Qué había sido de mí, del níveo plumaje que aderezaba mis alas, realzando mi cándido porte de arcángel tenaz, de polluelo revoltoso? ¿Quién me había usurpado el centelleo de mis pupilas imperecederas, antaño tiznadas de un negro fúlgido y purpúreo? ¿Qué clase de sortilegio había extirpado, sañudo, los últimos vestigios de potestad en cuya autocracia fingí sentirme libre? Pues fue la savia de la aflicción la que nubló mi vista, eclipsando mis serenas conjeturas, mis oníricas utopías, las cuales se arrebujaban redomadamente bajo las gramíneas del pernicioso forúnculo de mi querencia. Y tuviste que ser tú, tan enigmático, tan funestamente incandescente, quien, ataviado con el negro plumaje del recato, te posaste en mi busto de Palas y clementemente abriste la puerta que me redimió. Y azarosa desplegué las alas, que aún ardían con las brasas de mis acerbas retentivas — mas comprobé gozosa que toda jaula es aberrante, artificiosa y malsana. Que el mayor presente no estriba en las alas, sino en la radiante voluntad de desplegarlas. Que el vuelo más dichoso es el del ave que atesora su propia senda, que se recrea en el néctar de su albedrío... y que el amor fenece a expensas de la necesidad, su antípoda y su debacle. Pues te quiero porque no te necesito, y no te necesito porque te quiero. Y así me pierdo risueña en la noche que te concibe, y salpico de auroras tu lienzo estrellado —  ya que de poco sirve recelar de mi habilidad para surcar los cielos, cuando fueron tus luceros quienes me condujeron al paraíso. 

Addah Monoceros.