Vivir sin sentir sería un sinsentido.

Vivir sin sentir sería un sinsentido.
The flower that blooms last is the most rare and beautiful of all.

Thursday, 26 March 2015

Ophelia's Serendipity.

A gleaming carpet blushes down to you,
Rejoicing beads of crimson bloom at me,
So delicately burly, yet so free,
I bow to your prodigious tides of blue.
To sail, they say, dauntlessness is a must,
For he who travels far shall master gales,
And hence your crooning mermaids sweep their tails,
Thus vanishing in spumous waves of dust.
Their anthems, smoothly chant cryptic ballades,
Enslaving sound itself and even time,
Since space plundered your vastness to its core,
Hence drifting in its grim silvery blade,
Alluring us into a blighting rhyme,
To which dawns will be witnessed nevermore. 

Adieu my dear heavens, now offed,
Holding on to fugacious streaks of gold,
I lie upon your aquamarine bed,
Spreading my wings, feeling both awed and bold.
My heart shuts down to legends still untold,
And thirsty I give in and drink my fate,
My aching systole yearned to be consoled, 
Though it was still too pristine to be late.
How could a pain so dim become so great?
How did it make me fall in love with Death?
It crucifixes me until I mutate,
Doth with such pleasure it steams my last breath.
A breath of yielding, a breath of checkmate,
No freedom whatsoever — only hate.
Addah Monoceros.

Friday, 6 March 2015

Teriantropía.

En cualquier caso, de poco servía recelar de mi habilidad para surcar los cielos. Pues el yugo de una vigilia enjaulada me había emparedado en la herrumbrosa alevosía de un ocaso envenenado, de una valetudinaria lumbre en cuyo regusto creí hallar dulzura — mas no hice sino abandonarme a una sed insurrecta y enferma, un abestiado anhelo, una traílla enconada y calcinante. ¿Quién era yo? ¿Qué había sido de mí, del níveo plumaje que aderezaba mis alas, realzando mi cándido porte de arcángel tenaz, de polluelo revoltoso? ¿Quién me había usurpado el centelleo de mis pupilas imperecederas, antaño tiznadas de un negro fúlgido y purpúreo? ¿Qué clase de sortilegio había extirpado, sañudo, los últimos vestigios de potestad en cuya autocracia fingí sentirme libre? Pues fue la savia de la aflicción la que nubló mi vista, eclipsando mis serenas conjeturas, mis oníricas utopías, las cuales se arrebujaban redomadamente bajo las gramíneas del pernicioso forúnculo de mi querencia. Y tuviste que ser tú, tan enigmático, tan funestamente incandescente, quien, ataviado con el negro plumaje del recato, te posaste en mi busto de Palas y clementemente abriste la puerta que me redimió. Y azarosa desplegué las alas, que aún ardían con las brasas de mis acerbas retentivas — mas comprobé gozosa que toda jaula es aberrante, artificiosa y malsana. Que el mayor presente no estriba en las alas, sino en la radiante voluntad de desplegarlas. Que el vuelo más dichoso es el del ave que atesora su propia senda, que se recrea en el néctar de su albedrío... y que el amor fenece a expensas de la necesidad, su antípoda y su debacle. Pues te quiero porque no te necesito, y no te necesito porque te quiero. Y así me pierdo risueña en la noche que te concibe, y salpico de auroras tu lienzo estrellado —  ya que de poco sirve recelar de mi habilidad para surcar los cielos, cuando fueron tus luceros quienes me condujeron al paraíso. 

Addah Monoceros.

Thursday, 5 March 2015

El pensamiento (cuento infantil).

Nota de la autora: soy consciente de que no cubro el mismo registro que en publicaciones pasadas, y que este microrrelato constituye algo puntual. No obstante, hacía años, más de una década, que no escribía un cuento, y ha sido una persona muy querida la que me ha encomendado este favor. Va dedicado a unos niños muy especiales, y sólo por eso he creído pertinente publicarlo. No es mi mejor trabajo, pero sí sencillo y espontáneo —una buena forma de resucitar mi vocación de embaucar a niños con historias de mi invención.
¿Sabe alguien de qué están hechos los sueños? ¿Acaso son una vana travesura con la que nuestra mente se divierte? ¿O hay algo más? Hay quien ha llegado a comentar que constituyen un hechizo, el epicentro de nuestra magia más salvaje, aquella en la que sólo creen los niños. Y, sin embargo, ¿no es esta la magia más pura de todas?

Hace veinte, tal vez treinta años, mis padres y yo nos trasladamos a una ciudad plomiza y gris, donde sólo había cemento y el cielo parecía llorar todo el tiempo. Nuestra casa era grande y fría, con un jardín de suelo yerto y pedregoso, sin flores ni rincones donde poder jugar. Y, naturalmente, yo me sentía muy triste, tanto como el cielo encapotado desde el cual los enormes nubarrones derramaban plateadas gotas de lluvia.

No obstante, la primera noche, cuando mis padres dormían y sólo podía escucharse la melodía del silencio, desperté sobresaltado para descubrir a una niña arrebujada a los pies de mi cama. Era una niña pálida, de pelo negro tinta y unos ojos tan oscuros, que parecían puertas a otros mundos. Me contempló lánguidamente, y pude advertir cómo jugaba tímidamente con una florecilla de pétalos azules que parecían tener cara, pues en ellos se dibujaban unos ojos y una mueca enfurruñada.

—¿Quién eres, y qué haces en mi habitación a estas horas de la noche?—Le pregunté. 
—Oh, siento haberme entrometido.—Respondió ella, y su voz repicó en el silencio como una campanilla.—Soy un hada, y paso por esta ciudad de vez en cuando.

La miré con recelo. Ella sostuvo la mirada, y casi pude percibir un halo de luz a su alrededor y unas frágiles alitas a su espalda.

—Vengo a los lugares grises para devolverles el color.—Prosiguió ella.—¿Acaso no te has fijado en los adultos? No son más que niños que, tiempo atrás, tuvieron demasiada prisa por crecer. Pero ahora están aterrados, porque la vida se les escapa de las manos. Pues ellos, cobardes, se avergüenzan de haber sido niños, se despojaron de su niñez como si de una enfermedad se tratase... y ahora temen envejecer.
—¿Y qué pretendes tú?—Inquirí yo.—¿Ayudarme a no envejecer? 
—¡Ah, no, eso nunca!—Replicó ella.—No. Quiero que crezcas, y que envejezcas. Pero sin olvidar al niño que siempre fuiste y siempre serás. La niñez nos hace creer, nos ayuda a sorprendernos, nos brinda curiosidad, y nos hace felices. Mientras custodies a tu niño interior, nunca estarás solo, pues siempre me tendrás contigo.

Me sentía tan estupefacto, que sólo pude señalar la flor que el hada sostenía entre los dedos. 
—¿Qué es esa flor?—Quise saber.—Parece que tenga cara. 
—Es una flor muy especial — Explicó la ninfa — porque se llama "pensamiento", como el lugar donde nacemos las hadas y todas las ideas en general. Este pensamiento tendrá cara siempre y cuando tú puedas verla.

A la mañana siguiente, desperté desconcertado y algo mustio. Recordé al hada de la noche anterior, y me reí irónicamente. ¡Menudo sueño el mío! ¡Qué fantasía más estúpida!

No obstante, cuando salí al jardín, aquel de suelo yerto y pedregoso, me detuve un segundo. Pues, en un rincón especialmente oculto, se erigía, con la suntuosidad de una reina, una florecilla de pétalos azules. Pétalos que parecían tener cara. Pétalos en los que se podían vislumbrar unos ojos y una mueca enfurruñada.

Los pétalos de un pensamiento.
Addah Monoceros.

Sunday, 1 March 2015

Pawn.

Some random date, some random place —
somewhere, sometime.

Dear you,
            Yes, you, my hallowed deliverer, my guardian angel, my lover, my brother, my friend. Your alien beauty scintillates in deviant bizarreness, smoldering my cinereal rags into flourishing tapestries of gold and riches. You engendered the princess I take my pride in, though she feeds on egotism and seclusion, confined to an isolation so rapturous and almost lewd, I sometimes trick myself into concluding you are not real, not true, merely a hideous scoundrel who devilishly mocks my reflection. And still, you mirror frantic shades of eccentricity I once loathed and now cherish — for few wonders glitz as bright as those we genuinely commit to. You are the blushing dawn who mischievously lurks behind the withering dusk. You are the Hades to my Persephone, he who reticently dismantled the pawn inside me, ceremoniously eliciting my inner queen's takeover. You amalgamated my inherent self, since I saw myself in you, key to my freedom, framer of prodigies. For the word is trivial and hollow, and rich threads are said to begrime its plebeian consistency. But I love you, I do, in such an unusual, roughly erratic way — since, ah, darling, it is this unconventionality I treasure the most, the freakish, nonconformist weirdos both of us blend to be. No rules, no grievous ligatures — just wings, and passion, and intimacy, and ecstasy. Believe me, emeer of dreams, when I implore you to seize me, make love to me, take endless swigs of my crimson vitality, embrace me, savour me, have me. And thus I feel eminent and fiery, for I love myself as much as I love you. You, my hallowed deliverer, my guardian angel, my lover, my brother, my friend. 

My saviour. 
Addah Monoceros.
Yours, and hence mine.

Friday, 27 February 2015

Supernova.

Si ya sabía yo que estamos hechos de estrellas. Polvo cósmico, lo llaman. Áureo, fulgente, con un ahumado tinte de sencillez, tan auténtico, tan inefablemente mágico, que parece concebido por la mente de un niño. Y es que resulta casi nocivo ampararnos medrosamente bajo el paraguas de un olvido desterrado, absortos en mundanos agujeros negros que dicen erigir esa armónica utopía, esos pasos vacilantes, ese tímido fogonazo que nos ciega en su quimérico redil. Nos mienten, nos envenenan con el néctar del embuste, mas nosotros sucumbimos a la docilidad de lo factible, pues comprendemos una sarta de pusilánimes autómatas sin otro propulsor que el de una fe suspicaz y recelosa. Querida, que no hay sortilegio más promisorio que la certeza de lo incierto, las pesquisas incompletas, la incipiente alborada del último óculo previo a tu detonación; que no hay óbito más bello que la muerte de un lucero, y que tú cincelas tus apólogos en el purpúreo empíreo que te hospeda. Y, ¡qué sería de mí si no pecara de excéntrica, si no secundara la magia de lo ermitaño, si no alzara la voz por los astros más inhóspitos! Pues ellos — nosotros — conformamos esa centelleante calima en la que los más gregarios creen hallar cobijo. Volamos libres, redimidos e insaciables, arquitectos de un etéreo desenlace en el que no haremos sino embellecer el cielo nocturno con la incandescencia de una leyenda. Seamos fuego. Seamos vida. Seamos la noche que precede a la aurora y la aurora que alimenta de luz nuestra esencia.

Seamos estrellas.
Addah Monoceros.

Friday, 20 February 2015

La hibernación de lo eviterno.

Y pensar que siempre te concebí como una elección puramente mía, infiriendo la errónea e inconclusa deducción de que tú, indómita poza de secretos, me pertenecías. Te atesoré con reverencioso desvelo, obstinada en incubar tu intangible simbiosis de cordura y pensamiento — mas tú, cual ánima errante en un agreste cementerio, te despojaste del remanso ceniciento que codicioso te asía, y te arrojaste al vacío con el anhelante fervor de un invidente que cata la luz por vez primera. 

Te veo — me veo — en el fulgurante nimbo que surca el esbozo de tu sonrisa y que tímidamente se retrae en su burdo y turbado caparazón. Ignoro las confabulaciones que perfilan su ávida travesía en el piélago de tu mente, y, pese a esto, discierno hasta la más circunspecta incógnita que pueda disfrazarte con el ajado manto de la vulgaridad. Eres la sombra oscura que, sobre el blanco fondo de un vacuo y plomizo universo, expele un resplandor tan intenso, que sólo los más audaces osan recrearse en él. Te contemplo, entre fascinada y amedrantada, y tu mirada oscura se despereza y tizna de auroras su seno, cual firmamento previo al más bello de los albores. 


Estimado preludio, ¡ráptame y llévame contigo! Coloréame, bebe de mis minucias y fútiles pesadillas, aquellas que, resentidas, amenazan con aherrojarme en su silo de detritos. Esculpe mi rostro en el espejo de mi reflejo, y escapa conmigo a la más recóndita vastedad. Hazme tu rehén, y cincela mi libertad en mis fragmentados grilletes. Hazme tuya, promisorio sino. Hazme mía.

Addah Monoceros.

Wednesday, 18 February 2015

Asphodel Mazes.

Purring wind subdues my night,
Whilst my soul endures her fight,
Triggering jowls of vexation, 
Scarlet falls blurring my sight. 

And she pulls me to her loam,
Bare and hollow, just like me,
And I baptise it as my own home,
Craving to set myself free.

And my wounds brighten with beauty,
And my bawling voice is true,
And my sharp-edged inspiration,
Gathers my clot down to you.

Thus in welcoming descant,
Chiming cyclones chant outside,
Hence I lacerate my pike in two,
As wine splutters far and wide.

Dreams, they say, prove us alive,
Nonetheless, I feel deceased,
For such peaceful compensation,
Holds the finest of all deeds. 

And I drift away in rapture,
As life spills in scarlet falls,
And the breezy choir of muses,
Welcomes me across its walls.

For my wounds shine in pure beauty,
And my clot of blood is yours,
Since I am part of your Infraworld,
Gladly docking on its shores.

Addah Monoceros

Note from the author: I insidiously wrote this poem during a bromidic History lesson at the age of fourteen. It was a time when «darkness» somehow seduced me, engaging myself in an identity crisis which subsequently evolved into an almost fanatic devotion towards goth and emo idiosyncrasies. It is therefore not the best of my written work, yet it displays, on the other hand, how malleable teenage personalities can be, and furthermore how much artistry can, indeed, be held in «dark» poetry, considering there is passion and incentive when writing it.